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Por Tato Conrad


Recordemos al cocolo, destacado guitarrista y compositor de guarachas, y otros estilos, Felipe R. Goyco (1890-1954), también conocido como Don Felo. Sus composiciones son inmemorables y sus labores con el Trío Aurora y el Conjunto Ladí, entre otros, forman parte integral del gran tesoro musical puertorriqueño. En años posteriores El Gran Combo grabo en salsa una de sus guarachas, Cosas Del Campo, y también Ismael Rivera grabó la canción, Mi Jaragual.

Debemos mencionar también al legendario cocolo de Aguadilla, Rafael Hernández (1892-1965), apodado el jibarito, cuyas canciones han sido inspiración para muchas orquestas modernas de salsa. Un dato interesante es que Rafael Hernández fue también uno de los 18 músicos cocolos puertorriqueños reclutados en Puerto Rico para formar la banda en la ciudad de New York conocida como los Harlem Hellfighters en el año 1917. El director de la banda, un afro-americano, se asombro cuando averiguo que los músicos en Puerto Rico sabían leer música y que doblaban en diferentes instrumentos. En esos tiempos los músicos afro-americanos no tenían tal experiencia.

Tampoco podemos olvidar al gran compositor negro de danzas, Juan Morel Campos (1857-1896) quien aunque reconocido por sus danzas y otros géneros, también compuso docenas de guarachas criollas. Las guarachas de Morel no son composiciones típicas para guitarra sino para el piano, siendo él un pionero en el caribe de llevar este género típico al piano. Se puede mencionar además que la orquesta de danzas de Juan Morel Campos se componía de músicos totalmente cocolos y no de europeos como algunos irónicamente suelen pensar.

La guaracha es originalmente un género musical de voz y guitarra que vino a Puerto Rico hace varios siglos atrás de España en el compás de 6/8. Todavía algunos tocadores de esta música, ya puertorriqueña, la tocan en este compás. Pero sin embargo, las tendencias modernas influyeron en su ejecución, como paso con casi toda la música nuestra, de acuerdo a las pautas del día. La tendencia en tiempos pasados era  de “dar forma” a la música, y esto se trataba de ponerla “cuadrada” o en términos musicales, binarizar el compás. Esto también era la tendencia en los Estados Unidos lo cual se reflejo posteriormente en el género del “ragtime” y luego el “jazz”. Ambos géneros tienen sus raíces en el “contredanse” francés de donde nace también la danza puertorriqueña. De hecho muchas danzas retienen el mismo vaivén del “ragtime”. Un ejemplo popular fácil de reconocer es la danza El Coquí.

Otro instrumento usado en las danzas es el guiro, o marimbo. Este fruto proviene de Africa. Aunque algunos erróneamente ligaron el guiro al indio Taino, este calabazo fue traído a Puerto Rico desde el continente africano. Y el más famoso guirero puertorriqueño, el cocolo Toribio (Patricio Rijos Morales, 1897-1970), tocaba música jíbara, música campesina, plenas y danzas. Tengan en mente que la palabra “jíbaro” (variante criolla de la palabra antigua “grífaro”) se usaba originalmente en el caribe para identificar al producto de indio con negro, y no indio con blanco, como aparece en nuestros libros “oficiales” de historia puertorriqueña.

El cocolo puertorriqueño era experto en agarrar un ritmo de danza o de guaracha, un ritmo de Francia o de España, y milagrosamente sin cambiar su formato musical, modificar el espíritu y el acento de tal manera que el resultado aunque no era específicamente negro africano, sonaba completamente africano y criollo, puro cocolo. A este proceso se le identifica como una verdadera africanización puertorriqueña de un género europeo.

Seria grande el continuar mencionando los miles de músicos cocolos del los siglos pasados y del siglo presente, pero basta con decir que en Puerto Rico la música en general siempre ha estado en manos de los negros.


Rafael Cortijo y Kako Bastar

Ya para  los años 1950-60 el cocolo mayor, Rafael Cortijo (1928-1982) creó en Puerto Rico aun otra fusión afro-puertorriqueña a base de la bomba, la guaracha, la plena y el seis, con el formato del “jazzband” afro-americano. Esta fusión sirvió de base para una expresión musical moderna que eventualmente se llamaría salsa. La música de Cortijo causó tanto escándalo en y fuera de la isla que hasta su cantante principal, Ismael Rivera, fue bautizado como “el sonero mayor” de la música latinoamericana. El grupo de Cortijo se elevó a tal nivel de popularidad que estimuló y sirvió de modelo para cientos de agrupaciones puertorriqueñas nuevas a través de las próximas cuatro décadas. Siendo la situación económica de los negros en Puerto Rico tan mala, y el éxito de Cortijo tan fenomenal, aparecieron cientos de músicos nuevos siguiendo los pasos de Cortijo.

La agrupación de Cortijo rompió con las normas de la música tradicional puertorriqueña, y de América Latina en general, y a la misma vez logró abrir la puerta para el redescubrimiento de sus raíces principales. Uno de los percusionistas, Martín Quiñones, era reconocido en las calles de Puerto Rico como experto tocador de los ritmos africanos de la bomba, tocaba mucho en los barrios de Loiza, y también como maestro fabricante de tambores africanos puertorriqueños. Este re-enfoque hacia las raíces musicales afro-puertorriqueñas estimuló a las multitudes de puertorriqueños en y fuera de la isla a plantar bandera firmemente en la arena de la música tropical popular y comercial no solamente en la isla de Puerto Rico sino también a través del mundo entero. En poco tiempo Puerto Rico se convirtió en la capital de la nueva onda musical ahora llamada salsa y a New York en la tarima de un movimiento cultual internacional afro-boricua.

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