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La salsa, un baile cocolo de Puerto Rico

El enfoque del baile clásico europeo versus el enfoque criollo cocolo:

Clásico

 

Cocolo

Orientación rítmica

A través de los siglos los puertorriqueños han desarrollados un sentido rítmico extraordinario y una pasión por el baile. Por eso, donde quiera que buscamos en el mundo de la música, encontramos puertorriqueños destacados. En la ópera tenemos a varios cantantes reconocidos a nivel internacional como Antonio Barasorda, y en la música clásica, músicos y compositores como Rafael Sierra, Justino Díaz, Salvador Ferreras, entre miles mas, porque de hecho son muchos.

En todos los géneros, sean tradicionales, populares, folklóricos, de jazz, rock, reggae, calipso, merengue, samba y caribeño en general, los puertorriqueños mantienen una presencia notable y no solamente a nivel local sino a nivel internacional.

En cuanto los bailes cocolos, como la salsa, el sentido rítmico afrotumbao puertorriqueño da vida, sentido y sabor a una expresión criolla popular fijando los sentimientos y los movimientos corporales en el fluido de los vaivenes musicales que son reflejos del diario vivir.  Para los cocolos en el baile es parte de un universo paralelo donde las leyes normales de tiempo y movimiento no aplican y donde el pasado, el presente y el futuro se unan. Es un mundo que no solamente existe ahora sino que todavía se esta creando en el momento. Se siente parte de la tierra y también como elemento esencial para su subsistencia. Hay comunión con los ancestros y con la tradición. Cada sentimiento, cada movimiento, cada pisada esta ligada a la memoria de sus orígenes pero sin embargo en un proceso continuo de renacimiento. El cocolo, en su musa, viaja sin esfuerzo de una dimensión a otra, del futuro al pasado, y del pasado al presente.

Uno de los elementos inherentes en el espíritu cocolo es el concepto del diálogo rítmico de llamada y contestación. Existe una conversación entre el bailador y la música en todos los aspectos, sean rítmicos o harmónicos. El bailador busca llenar los espacios y reflejar los colores. Y aunque se puede poner bastante complejo a nivel espiritual podemos describir unos cuantos de ellos, como por ejemplo la llamada del tambor y la contestación del bailador.

Cuando el tambor principal habla, la voz aparece acentuado abierta y fuertemente al final del compás musical en el ultimo tiempo, el cuarto tiempo. Su onomatopeya es tuku. La voz, naturalmente, esta ligada de manera dinámica a la contestación del bailador “pá” inmediatamente después, en el primer tiempo, formando el concepto rítmico africano de alfa y omega. La conversación rítmica completa del tambor y el bailador es tukupá. De esta manera el bailador inicia su viaje dentro de la música como parte integral de la composición. Pero esto es solo el inicio del viaje. No es el viaje.
Este sentido rítmico afrotumbao está profundamente impregnado en el espíritu cocolo y forma parte esencial de nuestro sabor isleño tradicional. Es por eso, hablando de cosas técnicas, que el boricua tradicionalmente marca la primera pisada, como en África,  acentuando fuertemente en el primer tiempo de la música. Mencionamos esto también porque en años recientes aparecieron algunos bailadores profesionales de New York imponiendo otras ideas rítmicas erróneas, inventos del ambiente del espectáculo y de academia que no son tradicionales en Puerto Rico.

Para el cocolo el concepto de bailar dentro de la música resulta bastante natural. Sin embargo, para muchos otros es algo que inicialmente resulta muy extraño y difícil de entender. Bailan encima de la música y sin interacción rítmica profunda. Debido a este enfoque ellos se sienten raros escuchando y bailando nuestra música tropical. No están acostumbrados a escuchar una música tan rica y compleja, llena de movimiento rítmico, colores y tonos. Es como salir del campo y repentinamente encontrase en el medio de una ciudad grande. Resulta bastante frustrante.

Para ellos, la música debe ser siempre sencilla, fácil de entender. El poco ritmo que haya debe servir solamente para marcar encima el paso sin mucha profundidad rítmica. Flotan encima de la música y el baile resulta ser una mera imitación de la línea temporal. No existe nada mas para estimular la creación de movimientos corporales adicionales o flores rítmicos. No hay manera de sentirse espiritualmente parte integral de la composición.

Por el otro lado, el bailador boricua se encuentra dentro de la música, ocupando un espacio creado para el y en relación dinámica con los ritmos, las armonías y los colores a su alrededor, sumergido completamente y respirando el aire espiritual de la música. El bailador es mucho más que un mero paso de baile, una pisada en el piso. En parte, cuando hablamos de bailar con sabor, es a esto mismo que nos referimos. Caminamos ahora en un mundo espiritual. Y como dicen los ancestros, todo ritmo pertenece al reino espiritual.

 

 
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